Hacía tanto tiempo que no me tomaban la mano en la madrugada de un viernes, atravesando calles próximas a la cordillera, lejanas a una fría intención. A pesar de ser muy temprano para un paseo y muy tarde para el amor, esa ventana que hiciste en el cielo dejaba colarse una luz primigenia que alumbró tu colchón y mis ganas de cubrirme también la cara con tu pelo, y mi boca con tu boca dulce, contraria a todo el deshielo cordillerano que había circulado por ella durante esa noche.El robo ha de ser manifestación en contra de tu despertar de gesto araucano, con tu beatle y un pantalón verde, con canela en tus bolsillos, el colet junto a tus zapatos, con dolor de cabeza por todo el humo insolente y por tus xilografías atrasadas que aún no nacían y ya tenían fecha de entrega.
Un flautista me despidió en tu puerta esa tarde de sol después de la lluvia. Llevaba tus ojos.
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