Un despertar desnudo ante la ausencia tibia de un recuerdo golondrino que no sentí partir... antes de voltear estiro mi mano palpando tu sitio vacío, después mi cabeza que comprueba tu sentencia primera. Queda el piano, tu libreto de Hamlet, solo hielo en tu vodka, los columpios, tu vaivén en el cielo y conmigo, Ñuñoa, tu número.
(la caracol se durmió
la beso en la boca y me voy)
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