sábado, 6 de febrero de 2010

En mitad del invierno velábamos a su padre muerto el día de los padres; yo llevaba la parka con chiporro y él mi bufanda a rayas. Teníamos las narices rojas de frío a pesar de todas las velas prendidas. Lo único bueno que hice fue abrazarlo como nunca antes lo había hecho, como quien esconde en su cuello a un ser muy pequeño para que nadie lo vea ni tenga ya más frío. Luego lancé la pregunta más tonta que podía haberle hecho:
-"¿qué vas a hacer ahora?"
-"nosé...supongo que llorar un tiempo y guardar un silencio largo"
Empezamos su silencio esa noche, caminando por las calles de dunas vacías, cambiando en cada paso, dejando atrás todo lo que habíamos sido hasta ese momento, olvidándonos de nuestra edad y de la vida que había que seguir.

No hay comentarios: