finales de marzo, principios de abril, dos puntos
sentados en las escaleras
te propongo esa noche,
llevaba tu cortaviento gris
subsuelo de la moneda
regalo sorpresa:
compras la mujer de la divinidad mapuche,
que mientras nos besábamos en tu casa
sacaste de un saquito de terciopelo negro.
tu cama estaba a un costado de la cocina
con un cenicero lleno de colillas
en adelante nunca más
volvió a estar donde mismo
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