imagina una siesta en un dormitorio tibio porque el sol ha entrado desde la mañana y crea ese calorcito que induce al sueño y hace que todo sea más fácil, a la vez que lento, y nos vemos hermosos porque los ojos brillan, y cada vello que recubre nuestra piel también brilla, y parecemos de terciopelo, y no hay siquiera que taparse, porque el mismo sol hace las veces de colcha. Agrégale ese mismo calor pero esta vez alojado en el centro de nuestro pecho, durmiendo ahí para siempre.
Esto raulí, puede volverse una realidad.
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