jueves, 23 de julio de 2009

Horcón

solo una vez con mi papá, nos quedamos en la playa y armamos la carpa a la luz de la luna suponiendo todo. En la mañana al desayuno apareció una mujer empapada de mar y ebria. Le llenamos con agua hirviendo una botella de pisco capel que ella traía y, supongo que porque yo la miraba mucho, me regaló unos dulces de esos ambrosoli surtidos del arbolito que sacó de su bolsillo, del que se le cayó de pasada un calzón de hombre azul, que puso luego de sacudirlo y soltar una risa, más al fondo de su bolsillo.

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